
Querido lector:
Reflexiones para la vida es una sencilla publicación dirigida al desarrollo
humano dentro de las organizaciones.
Ella es el resultado de numerosas jornadas de trabajo empleadas en
seleccionar, compilar y analizar historias, que navegan de corazón a corazón y llenan un
espacio con sus enseñanzas.
De una bella manera, con un toque fantasía y realidad, en las historias se
honra de valor de la colaboración y el trabajo en equipo, la capacidad de asumir riesgos, el
pensamiento positivo ante las dificultades de la vida, el respeto a las diferencias individuales,
la confianza en sí mismo, la amistad y el amor.
Con la firme creencia de que existe una mejor manera de vivir, les
entregamos estas semillas para que fructifiquen en su vida y en el futuro podamos compartir
un mundo mejor: en el trabajo, con la familia, con los amigos y con la sociedad.
Quizás de las semillas arrojadas no prendan todas, pero aún así habremos
colmado nuestras expectativas de conseguirlo.
Muchas gracias.
“La montaña acaba en pico;
en cresta la ola empinada
que la tempestad arremolina y echa al cielo;
en copa
el árbol
y en cima ha de acabar la vida humana.”
ASAMBLEA DE HERRAMIENTAS
Cuentan que las herramientas, un buen día, se reunieron en asamblea plenaria con la finalidad de arreglar sus diferencias.
El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La
Causa? Hacía demasiado ruido y además se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó
su culpa, pero pidió que el cepillo fuera expulsado también debido a que siempre hacía su
trabajo en la superficie, y no tenía profundidad alguna.
El cepillo aceptó a su vez, pero pidió la expulsión del tornillo. Adujo que había que darle
muchas vueltas para que sirviera para algo.
Ante el ataque el tornillo aceptó también. Pero a su vez pidió la expulsión del papel de lija.
Hizo ver que era muy áspero en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. Y el papel
de lija aceptó, con la condición de que fuera expulsado el metro, que siempre se pasaba
midiendo a los demás, con su medida como si este fuera perfecto.
En eso entró el carpintero, se puso el delantal y comenzó su trabajo. Utilizó el martillo, el
cepillo, el papel de lija, el metro y el tornillo.
Finalmente de la madera trabajada, salió un lindo mueble.
Cuando las herramientas quedaron solas, se reanudó la deliberación. Fue entonces cuando
tomó la palabra el serrucho y dijo:
Señores, ha quedado demostrado que tenemos muchos defectos, pero el carpintero trabaja
con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos e importantes. Así que no
pensemos en nuestras debilidades sino concentrémonos en nuestras fortalezas y aspectos
positivos.
La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, contundente y el cepillo suave y
eficaz. Se dieron cuenta de que el tornillo tenía la habilidad de unir y dar fuerza, y el papel de
lija era especial para afinar y limar asperezas.
También observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo
orgulloso capaz de servir y producir diversos artículos y muebles de calidad.
¿Ocurre lo mismo con nosotros los seres humanos? Observe a su alrededor y lo
comprobará.
Cuando en un hogar, empresa, institución u organización sus miembros gastan su tiempo y
esfuerzo en buscar los defectos de los demás, la situación se vuelve tensa, negativa y rumbo
al caos y la posible desaparición.
En cambio cuando los propósitos son enfocados positivamente buscando propiciar los
mejores valores individuales y de grupo, estamos ante las puertas de los mejores y más
satisfactorios logros humanos. BAILA COMO SI NADIE TE ESTUVIERA VIENDO
Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un hijo y después tener otro. Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente grandes y que seremos más felices cuando lo sean. Después de eso nos frustramos porque son adolescentes (difíciles de tratar). “Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esta etapa”. Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando nuestro(a) esposo(a) le vaya mejor, cuando tengamos un mejor carro o una mejor casa, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados. La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que ahora, si no es ahora, ¿cuándo? Tu vida siempre estará llena de retos. Es mejor admitirlo y decidir ser felices de todas formas. Alfred D. Souza dijo: «¡Por largo tiempo parecía para mí que la vida estaba a punto de comenzar, la vida de verdad!, pero siempre había algún obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda por pagar… Entonces la vida comenzaría. Hasta que me di cuenta que estos obstáculos eran mi vida…» No hay camino a la felicidad, la felicidad ES el camino. Así que atesora cada momento que tienes y atesóralo más cuando lo compartas con alguien especial, suficientemente especial para compartir tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera por nadie. Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que aumente tu sueldo, hasta que bajes 10 kilos, hasta que te cases, hasta que tengas hijos, hasta que tus hijos se vayan de casa, hasta el viernes, hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, el verano, el otoño o el invierno, o hasta que te mueras. Para decidir que no hay mejor momento que este para ser Feliz... LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO, NO UN DESTINO Así que: TRABAJA COMO SI NO NECESITARAS DINERO, AMA COMO SI NUNCA TE HUBIERAN HERIDO y BAILA COMO SI NADIE TE ESTUVIERA VIENDO.EMPUJE LA VAQUITA
Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas; también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias. Llegando al lugar, constataron la pobreza del sitio, los habitantes -una pareja y tres hijos-, tenían una humilde casa de madera y estaban vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado. Entonces se aproximó el Maestro al padre de familia y le preguntó: – En este lugar no existen posibilidades de trabajo, ni tampoco puntos de comercio. ¿Cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí? El señor, calmadamente, respondió: – Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la otra producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo, y así es como vamos sobreviviendo. El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: – Busca la vaquita, llévatela al precipicio de allí enfrente y empújala al barranco. El joven, espantado, miró al Maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Más como percibió el silencio absoluto del Maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir... Aquella escena quedó grabada en la memoria del joven durante años y nunca pudo sacarse un terrible cargo de conciencia por el crimen cometido a instancias de su Maestro. Tanto impactó esto en su espíritu que abandonó al Maestro y prosiguió solo su camino. Años después, el joven aprendiz debía pasar cerca de la casa y tomó la decisión de regresar al lugar, contarle todo a la familia, obtener su perdón y, de ser ello posible, repararles el daño causado. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, una huerta arreglada, una bella casa, niños saludables y adecuadamente vestidos y calzados. El joven se sintió más triste y desesperado aún, imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Aceleró su paso y al llegar a la casa fue recibido por un hombre muy agradable y tranquilo. El joven preguntó por la familia que vivió allí hacía unos cuantos años, pero el hombre le respondió que ellos vivían allí de toda su vida. Sorprendido, el joven revisó los rostros y descubrió que, efectivamente, se trataba de la misma familia y sólo atinó a preguntar: – Yo pasé años atrás y éste era un lugar pobre... ¿Cómo logró esta prosperidad? Y el hombre, entusiasmado contestó: – Mire joven... Años atrás nosotros teníamos una vaquita, pero no sabemos cómo, se cayó a un precipicio y murió. Al principio creíamos que sería nuestra ruina. Sin embargo, obligados 7 por las circunstancias debimos desarrollar otras habilidades y esfuerzos que ignorábamos que fuésemos capaces de lograr. Y así alcanzamos el éxito que usted observa ahora...MORALEJA: Todos tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra supervivencia, la cual es una convivencia con la rutina, nos hace dependientes, y el mundo se reduce a lo que la vaquita nos brinda. ¡Descubre cuál es tu vaquita y empújala por el precipicio!




